Descripción
MURO, PIEL Y LAMENTO
Lázaro y Mercedes Valdez son un matrimonio descendiente de esclavos africanos que vive en la Cuba revolucionaria. Representan a una clase social oprimida que, en la intimidad de su hogar, preserva sus creencias y tradiciones: el respeto al culto santero y la veneración a sus dioses. A través de ellos y de otros personajes se perciben la tensión social existente, el adoctrinamiento y la obediencia como mecanismos de subsistencia. Sin embargo, ciertas situaciones irrumpen con fuerza en el orden social establecido. La migración por el Puerto del Mariel se convierte en una fisura que muchos vislumbran como la única salida, especialmente para quienes ven en el régimen más una amenaza a sus libertades individuales que un modelo de identificación social.
VLADIMIR ARSENOVICH, UN HOMBRE POCO COMÚN
Vladimir Arsenovich es un joven lleno de ideales y ansias de progreso que emigra de Montenegro a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Allí se consolida como un próspero empresario y logra integrarse en la aristocracia porteña, convirtiéndose en un hombre poderoso y carismático. Sin embargo, diversos sentimientos lo atormentan: el desarraigo, la añoranza del hogar materno y la muerte de su padre. Poco a poco, Vladimir se transforma en un hombre taciturno, egoísta y manipulador. Los conflictos en su hogar lo perturban hasta hacerlo sentir acorralado. Un desenlace dramático tendrá lugar en su estancia La Esperanza.
LA AUTORA:
María Jovovic es una escritora serbio‑argentina y docente en Artes Visuales. Autora de obras de ensayo, poesía y narrativa, ha sido reconocida en certámenes literarios en Argentina y España. Sus libros Vladimir Arsenovich. Un hombre poco común y Muro, Piel y Lamento forman parte de su producción narrativa publicada originalmente en Buenos Aires.
ENTREVISTA A MARÍA JOVOVIC:
P: ¿Cuál ha sido la razón por la cual has escrito Muro, piel y lamento?
MJ: Un intercambio cultural de escritores entre Argentina y Cuba en el año 2015 fue mi inspiración para comenzar a escribir esta novela corta. Ese viaje representó para mí un sinfín de sensaciones y experiencias. Ver el bello mar Caribe, caminar La Habana así como otras ciudades, observar y hablar con su gente sin intermediarios, experimentar el choque entre el discurso oficial y muchas veces la disconformidad y la frustración del pueblo siempre a media voz, cuando nadie está mirando. La falta de libertad para la libre expresión me impresionó. De todos modos, para mí fue una triste confirmación de lo que sentía y pensaba, cuáles eran los frutos de la revolución comunista y castrista. Mi propia historia personal como hija de un inmigrante me daba una base de sustentación.
En Cuba pude ver inmensos contrastes, quienes hacen negocios y buenos ingresos con el turismo, con una mayoría que vive en la precariedad absoluta, los autos de los 50s que gente humilde trata de reciclar una y otra vez para obtener un sustento, la maravillosa geografía de esa isla, los colores, los olores, los relatos, muchos que parecen sacados de una película sobre como sobrevivir con una suma mínima mensual, incluso siendo profesional, la falta de productos básicos.
Viví más una suerte de indignación y de asombro que de disfrute pasivo. Los recuerdos surgen de mi memoria como una catarata y, al final, agradezco haber sobrevivido incluso a mi propio malestar ancestral como hija de un emigrante político de un régimen comunista y doy gracias de poder expresar lo que siento y lo que pienso sin temor de quien me esté escuchando o leyendo, porque la libertad muchas veces implica disidencia e implica malestar.
Muro, piel y lamento a veces va a susurrar situaciones, como las que viven Lázaro Y Mercedes Valdés en su cotidianeidad y a veces se las va a gritar sin filtros, como la de Magalis, una joven que tiene un futuro brillante por delante, que se va a ver truncado por un régimen devorador, que la acusa de tener una ideología imperialista, contraria a la Revolución. Se presentan dos caminos: la demonización o la idealización. Yo me conformo con poder expresar lo que me contaron mis ojos, mis oídos y mis sentidos, y hacia allá vamos.





